El cuento de Reivaj

by JAVIER SÁNCHEZ

Después de varios días atravesando los valles de las tierras del reino de  Ilonam he llegando al linde del bosque, dónde la hierba se rinde a sus mayores, en las alturas del cielo se oye una canción, «La cantata de las ramas y las hojas». Bella canción que los árboles realizan cuando sus ramas y sus hojas juegan con el viento del alba. En todo el reino del bosque se les conoce como los árboles cantores, los dueños de la alegría del lugar pues cada mañana alzan sus ramas y hojas para dar vida al mundo.

Se aprecia por todo el bosque el aroma de la resina y de las piedras, benditas piedras del bosque, las que ven lo que nadie ve, que oyen lo que nadie oye, que huelen lo que nadie huele.
En el solitario bosque de la vida, todas lo son. tocadas de musgo, encaramadas a la falda de tierra húmeda que envuelve el pie del los señores del bosque, que ya avanzada la mañana siguen cantando. La canción de los árboles, suena susurrante entre los perfumes de romero y tomillo, de margaritas de pícara cara amarilla, que sonríen al helecho, el cual mira sorprendido como cantan sin pausa. Cómo si fuera la primera vez que los ven. Así son los helechos, de poca memoria y despistados, muy despistados.

Los árboles cantores, son los que ofrecen al viento el profundo olor a resina, sangre de la vida, ojos de los mayores, ellos que han sentido la vida acariciando su copas, corriendo entre sus hojas, como el agua cuando llueve se desliza entre las ramas, bajando por las arrugas de su viejo tronco, durante siglos y siglos.

Y de repente arrecia el viento y ellos aprovechan la oportunidad para silbar la nueva música de la madre y dan la bienvenida a la historia de la vida. Soplad y silbad, hojas y ramas, dando la bienvenida a el Hada, que viene ya saltando de hoja en flor, de flor en hoja, desperezándose del sueño mañanero y susurrando, a la par, la melodía al compás de los arboles cantores.

Preciosa hada, de cabello blanco y trenzas de musgo. De pálida piel y delicadas manos de largos dedos. Sonrisa dulce y alegría en el alma, cantándole suave a la mañana, con la flauta de la pequeña rama de sauce, la música de los milenios, la de los ancestros del bosque y guardando el secreto del alba de la madre naturaleza. Hada del verde musgo de la piedra, que da la vida a la madera que sube orgullosa hasta allá, más allá a lo alto, buscando el sol.

Más allá, en lo más profundo, justo al lado del riachuelo de las piedras doradas, se despereza el pequeño conejo marrón y frota sus manos en la hierba para graciosamente lavarse la cara y salir corriendo hacia donde parte el sonido de la música, donde los árboles cantores todavía mueven sus ramas sonriendo al cielo.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s