Archipiélago,18: Isla Buster Keaton

by Félix Molina & j re crivello

La semana pasada leo una de las interesantes series de Juan Re Crivello, la de los hoteles, y le comento: ‘Oye, ¿y si uno de los habitantes de mis islas se aloja en tus hoteles? Andamos mal de alojamiento: las islas son abruptas y solo se llenan de recuerdos y de personajes (aunque los autores y autoras lo tienen prohibido). Una buena noche de hotel no le vendría mal a alguno de nuestros isleños’. Y no tardó dos minutos en reservarme una habitación doble para este Buster Keaton que siempre viaja solo, pero al que le gusta que su sombra esté cómoda. Keaton fue el autor, aparte de delicias como ‘El maquinista de la General’ (1926) o antes El espantapájaros (1920), de uno de los libros de memorias más divertidos de todo el género: ‘Slapstick’. Como D. Buster al parecer no tiene libro publicado ni predicamento para los cartógrafos de nuestras islas –lo que lamento– lo hemos ubicado en la Isla Poe, que cuenta con un precioso hotel de muchísimas estrellas de Juan Re. Frente por frente con la Isla Lorca, de donde le llegan efluvios virgueros.

Da gusto pasearse en bicicleta.

FEDERICO GARCÍA LORCA – BUSTER KEATON

(en la isla de félix molina y hotel de j re crivello)

—De modo que ya tiene usted su bicicleta, D. Buster.

—Ahora me falta el océano donde pasearla, D. García.

—Pero, ¿cómo? ¿No tiene algún océano a mano en sus alforjas, Mr. Keaton?

Se mira las manos. Y al océano. Se tienta las alforjas.

—Solo tengo mariposas. Y corbatas, entretenidas en una kermesse, Mr. Lorca.

—¿Heroica, Don?

—No, muy cobarde, Míster—guiña un ojo—. No se pelea ni consigo misma —guiña el otro—.

Los dos prolongan un bailecito en la playa. Lorca hace por fumar, pero Buster Keaton le apaga siempre la lumbre con un enorme portaperfumes de tocador, imitando con la boca la onomatopeya de una bocina. Lorca se monta en la barcaza, mientras Keaton se apresta a despedirlo en la orilla. Pronto se dan cuenta de que sus papeles están cambiados: Buster es el que ha de irse.

—Apenas me había ido y ya le echaba de menos, Mr. Keaton.

—Correcto: apenas se había ido y ya no estaba, Mr. Lorca.

—Recuerde que tiene una habitación reservada a mi nombre en el Hotel El Espantapájaros, Sr. Keaton.

—¿Y si está a su nombre cómo la voy a ocupar yo, Sr. García?

Una nube los silencia. Lorca se vuelve al interior de su isla, silbando una habanera. Buster Keaton agarra el único remo y lo tira por la borda.

[Más tarde, en el Hotel El Espantapájaros, cuyo gerente es j re crivello]

—Firme aquí —dije. Un tipo de nariz recta, no muy alto y un sombrero ridículo, preguntó en un inglés gangoso y lleno de slang:

—¿Este es el hotel donde “todas las habitaciones de la casa están en una habitación” (El espantapájaros, 1920). No pude menos que sonreír y dejarle pasar. Le acompañé hasta la 56, al entrar, no sé cómo lo hizo pero la puerta se cayó dando contra el suelo. Y él fue tras de sí pero con tan mala suerte que la cama se levantó del golpe y pegó contra la lámpara. Los cristales se repartieron por doquier, quise ayudarle pero saltó por la ventana. Y en segundos volvió a entrar por la de al lado. Le seguía un perro gigantesco con cara de hambre. Una y otra vez hicieron lo mismo. Giraban enloquecidos entrando y saliendo como si fuera un tiovivo. De repente se paró un segundo y le oí gritar:

“Mi estómago esta tan vacío como un salón” (El espantapájaros). El perro ya no aparecía, me asomé a la ventana y estaba atado a una cuerda colgado del techo. La lengua le salía fuera y el hocico parecía un flan. El tipo me miró un largo rato y echó a correr. Mientras atravesaba la puerta pude ver como un cartel se descolgaba y leí: ¿Qué es un hogar sin madre? (El espantapájaros)

Bajé por las escaleras y miré en el libro de los huéspedes una firme ilegible. Ponía: Buster Keaton. Cruce el pasillo y salí a la puerta del hotel donde todas las habitaciones de la casa están en una sola habitación. Por la calle le vi pasar montado en una motocicleta de tres ruedas, el conducía, el sacerdote iba de pie y al lado ella sentada en la carlinga. Solo pude sentir:

—¿Quiere Ud. por esposa a…? El sidecar cayó al medio del rio, el agua llego hasta donde me encontraba. Ella sonrió, él sonrió. Yo sonreí. Y pensé, buscaré una habitación para el final de una película.

Notas:

‘El paseo de Buster Keaton’ es esta obrita breve que inspira el comienzo de esta isla.

Los textos en negrita aparecen como subtítulos en la película El espantapájaros, de 1920, de Buster KeatonLink a la película:

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