LA PALABRA by ANTONIO TORIBIOS

“Los años pesan”, sentí decir a mi espalda, y no pude por menos de girar el cuello mientras disimulaba tironeándome levemente del pendiente izquierdo. Apenas mis ojos alcanzaron la linde de lo oculto se vieron volcados en el negro profundo de los tuyos. “Las capas de abajo se compactan, las de arriba son tan etéreas como lo aún no sucedido”, dijiste entonces, y tu voz me sonó a la de quienes claman en el desierto. Pero el caso es que no, que me lo estabas diciendo a mí.

Lo supe porque me mirabas, y también porque éramos los únicos delante de aquel cuadro. El resto se arremolinaba ante otras piezas más vistosas –marinas, floreros y cosas así–, aunque también más toscas y manidas. “El abrazo es  futuro, aunque muy próximo”, dijiste, y yo pensé un “habrase visto, el profeta este”, pero acabamos tomando algo en las mesas que habían dispuesto para el evento.

Empezamos a hablar y me contaste cosas de mi propia vida que yo ni siquiera recordaba. Soledades, ilusiones frustradas, momentos felices, desengaños. “Está todo en el cuadro”, afirmabas con una seriedad solo desmentida por la sonrisa de tus ojos.

Llegó un momento, a lo largo de aquella tarde en que nos paseamos todas las avenidas, en que mi único deseo era que las capas superiores se fuesen transformando en hechos. Tu voz tenía el tono y la textura de un encantador de voluntades. Cuando por fin callaste, el sonido se transformó mágicamente en algo táctil, un fluir que hacía vibrar los epitelios en la misma sintonía de las palabras.

Quedamos en vernos al cabo de dos días ante el cuadro, no antes ni después. Dijiste que era el plazo justo para ver plasmada en él nuestra vida futura. Y mencionaste ese pasaje de Saint Exupery en que el zorro habla del arte de la espera: “Si vienes a las cuatro, comenzaré a ser feliz desde las tres”. Siempre tenías la cita adecuada a punto.

Aquí estoy. Tú no fuiste ese día, ni tampoco vendrás ahora. Cada cierto tiempo, cuando viajo a resolver algún asunto de trabajo, visito este museo Aquí está desde hace años nuestro cuadro. Me planto delante y espero, pero nada, solo veo un montón de felpudos apilados.

Texto escrito para la  exposición “Del arte a la palabra” (Auditorio del Conservatorio de Música de León 10 de octubre al 30 de noviembre de 2018)

El autor de la foto es Carlos González.

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