CARTA PARA ALEJANDRO by Verónica Boletta

Imagen tomada de Pinterest

La Plata, Octubre de 2020

Querido Alejandro:

Es domingo y corresponde, tal como ha sido instituido en mis hábitos familiares, confesarme vía correspondencia. Dirás que soy antigua. No seré quien te contradiga. Más temprano que tarde aflorarán esas peculiaridades —siempre tan amable vos para nombrar mis manías— que provocan tus risas. Contarme por escrito equivale a la desnudez.

Fui a encender el fuego. A mi lado reposa una taza de té. No sabrás de estas interrupciones a menos que te las cuente. Lo hago. Con vos no hay secretos. Si en nuestra relación agregáramos los fluidos del sexo no tendría más intimidad que la gozada hasta hoy. Evitémonos las humedades. Estoy ocurrente y mal pensada de un modo que me conoces.

La última semana ha sido peculiarmente dura, una ladera arriba de emociones de la cual me cuesta reponerme. Considerar que el bienestar consiste en descender algún nivel —¿cuál sería? ¿cuánto bajar? ¿la felicidad tiene fisonomía de llanura?— es una cuestión que no tengo nada clara, como verás.

El té se enfrió como en la canción de Marilina. Me permito la referencia porque somos del año de ñaupa; también la expresión, ja.

Retomo. La semana venía organizada. Todo salía según mis previsiones hasta que la agenda laboral estalló por los aires y arrasó con lo demás. Cuando me gana la desesperación tiendo a perder el tiempo en lamentos inútiles, a desconcentrarme. Estuve un par de días así hasta que, con mucha fuerza de voluntad, me convertí en monje zen. En el ínterin de mis preocupaciones en loop les escribí a Lisi, a Mario, a Sara. ¿No te los cruzas nunca? Dicen que el mundo es un pañuelo pero tal parece que, en aquella ciudad donde el diablo perdió el poncho, el universo se ensancha. Contame de ese sucedáneo de Macondo. Las anécdotas son bienvenidas. En el mundo del revés se pone a prueba el verosímil. Si los noticieros informaran la verdad —de nuevo, ¿cuál? ¿cuál?— la farsa quedaría al descubierto. Nos siento anestesiados, amigo mío. Para mi mucha desgracia, en esos días laborales álgidos, los pensamientos me juegan malas pasadas. Uno de ellos es recurrente, un atentado contra los términos de mis ocupaciones: ¿qué sentido tiene este trabajo? Lo descarto rápidamente en pos de conservar la cordura —o la sumisión al estado de cosas, entre otras opciones—. Respecto de la burocracia, a la que sostengo con mis labores, intentaré convertirme en una crítica desde su interior. En mis próximos mails te contaré mis avances. Por oposición, tu ejercicio de la medicina no deja lugar a dudas. Sentirás cansancio, hastío pero no pondrás en duda el valor de tu profesión.

Releo lo escrito. Admiro mi capacidad de enredarme. Decidí no corregir el texto. Es una muestra elocuente de mi desánimo.

Sin embargo, —tranquilo, ahora viene la parte luminosa— encuentro tiempo para dedicarle a mis aficiones. Sospecho que por allí pasa mi vocación: el cine, la lectura, la música. El principio dionisíaco que Nietzsche nos descubrió en su obra está encontrando su lugar en mi vida. Gana su espacio. En otro momento lo hubiese reprimido. Hay libertades que generan tal zozobra que el esclavo las rechaza y vuelve a la cueva. Ampliaré mis incursiones por estos derroteros y me explayaré en un próximo envío. ¿Habré asomado el hocico? A mí también me intriga responder esa pregunta.

Sé que estás ocupado. Lee este pedido a modo de ruego: no demores tus noticias.

Te extraño, siempre. Te quiero, más. Me despido, nunca.

V.

Un comentario en “CARTA PARA ALEJANDRO by Verónica Boletta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s