SANGRE BAJO LOS CIPRESES by Carlos Cubeiro

Imagen tomada de Pinterest

   La noche se presentaba lluviosa, de esa lluvia fina. Las farolas de luz amarilla parpadeaban a la vez que emitían chasquidos indefinidos al contacto con el agua. Las ramas de los árboles mas enclenques comenzaban a moverse al son de las hojas.

 La tercera farola y la quinta apagadas y en silencio. Charly caminaba por la senda empedrada. Á derecha e izquierdas docenas de nombres grabados en las piedras y en las placas de mármol de jaspe y blancas. Charly caminaba por la senda salpicada de oscuros cipreses. 

   La luz amarilla de las farolas aún encendidas alternando con las farolas apagadas y los altos árboles en movimiento por el viento, creaban sombras que semejaban ser humanas. Sombras que se movían al compás de los árboles, mientras a su alrededor Charly comenzó a escuchar el sonido de una enorme llave tratando de girar en una cerradura oxidada al tiempo que sus

zapatos producían siniestros chasquidos al pisar la grava desigual de la senda.

   A cada paso que daba Charly, los sonidos y los crujidos aumentaban su intensidad. Las farolas se iban apagando sin razón, la oscuridad total acechaba el lugar, la luna tampoco iluminaba la noche lluviosa. Sólo las sombras campaban libres entre las piedras, las losas de mármol jaspeado con decenas de nombres grabados.

   Cómo algo misterioso el enorme y cegador resplandor de un relámpago cruzó entre los árboles, las piedras y las losas haciendo brillar cómo nunca todo el lugar, mientras lo envolvía un estremecedor silencio.

   Charly pegó su espalda a una de aquellas piedras que rezaba:  FAMILIA SIN NOMBRE D.E.P. El trueno que siguió hizo retumbar todas las piedras y losas jaspe y blancas y también los árboles más altos se sintieron sobrecogidos. Tal fue que Charly cayó de bruces sobre un túmulo con una plancha de hierro. Sólo le dio tiempo de ver con los ojos abiertos media docena de crisantemos.

   Charly sintió como unas fuertes manos sujetaban sus hombros por la espalda de

forma que quedada inmovilizado. Quien lo sujetaba no decía ni palabra. Cada vez los

relámpagos brillaban más y los truenos eran mas ruidosos y cercanos.

   Dos flases que no eran de la tormenta, dos sonidos secos que no eran de los

truenos. Las manos que sujetaban a Charly quedaron flácidas a merced del viento. Por su espalda sintió el discurrir de un liquido templado que lento muy lento la recorría por completo. Al quedar libres sus manos llevó una de ellas hacia atrás, palpó y acercó los dedos a su mirada.

   Era la sangre de quién lo había sujetado se movió y, como pudo, logró zafarse y aquel sujeto cayó inerte a su lado iluminado por un relámpago y vibrando por el siguiente trueno.

   Charly se levantó y quiso huir a toda prisa del cementerio. Llegando a la puerta un

gran resplandor iluminó el cielo a sus pies una tumba con la lápida entreabierta   y

dentro, desde lo más profundo   llegaba una brillante luz de carmín. Al querer mirar

dentro de la tumba la lápida comenzó a moverse rugiendo con sonido estremecedor hasta cerrarla por completo. Otro relámpago brilló «FAMILIA RODRÍGUEZ.D.E.P». Charly avanzó despacio hacia la puerta de hierro forjado del camposanto mirando a todas partes. Ahora llovía con fuerza como jarreando. La blanca camisa manchada con la sangre del muerto y en su cuello el terrible brillo de un enorme cuchillo de cocina apretado contra su piel que comenzaba a sangrar sin remedio para él. Las manos que lo sujetaban ahora eran de mujer…..

   El filo descendía por su piel hasta alcanzar la hebilla del cinturón que saltó por el

aire. Entre el cuchillo y la pared se hallaba Charly. La mujer era alta, muy alta y de 

larga melena negra, sus ojos brillaban rojos como rubíes en la oscuridad. Vestía de cuero negro bajo la lluvia torrencial.

   Charly sentía como su pecho se dividía en dos partes a la vez que su sangre goteaba al suelo del cementerio. Mientras sus ojos se cerraban por última vez, el cuchillo de filo brillante y sangrante quedaba clavado en uno de los árboles delgados y muy altos dejando caer la húmeda sangre por su corteza.

   Cuando el sol creó una nueva mañana uno de sus tempraneros rayos cruzó el cristal de la ventanilla de un Porsche 911 color negro azabache aparcado justo delante de la puerta forjada del camposanto. El rayo naranja hizo levantar los párpados del conductor que allí dormía con su camisa blanca impoluta y su cuerpo indemne sin un rasguño.

   La documentación del vehículo está anombre de Charly.

Imagen aportada por el autor

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