CIERRA SIEMPRE LAS VENTANAS by Carlos Cubeiro

Imagen tomada de Pinterest

   Aquella noche estaba siendo muy cálida de un bochorno casi insufrible, aún así María dormía profundamente atravesada en su enorme cama de dos metros de ancho. Las ventanas de la alcoba abiertas de par en par. La luna llena iluminaba, indiscreta, el cuerpo de María cubierto tan solo por un pijama de seda color canela. La puerta de la estancia completamente abierta. Todo en silencio.

   En la planta baja el salón y en él la chimenea apagada desde el invierno anterior. En las ventanas, cortinas blancas movidas por una suave brisa. Una ventana quedaba abierta. El reloj de cuco en la pared señalaba las cuatro: cucú, cucú, cucú, cucú cantaba el pájaro de vivos colores, el único que alteraba cada hora el más absoluto silencio. Una sombra negra y sigilosa se colaba por la ventana. Las nubes cubrieron la luna llena y la noche se oscureció por completo. María continuaba en su sueño. La brisa era caliente como si abrieran un horno. La larga melena de María velada sus ojos claros.

La sombra que entrara por la ventana andaba en total sigilo escudriñando cada rincón de la planta baja. Su larga figura se reflejaba en un enorme espejo subiendo las escaleras a la planta alta. Aunque el suelo era de madera y crujía con las pisadas aquella noche no lo hacía, la misteriosa sombra no le dejaba. Todo era silencio mientras aquella silueta se aproximaba a la cama. Sigilosa puso sus patas delanteras sobre el borde de la cama, sobre las sábanas blancas. Estirando el cuello alcanzó el de María oculto por su  clara melena. Su larga lengua saboreó cada poro de su piel mientras ella dormía. Alzó sus cuatro patas para sentarse a los pies de la cama.

Un brutal ronroneo cortaba el silencio de la estancia. La luna llena apareció de nuevo entre las nubes iluminando a María y al intruso observando el cuerpo que dormía  a pierna suelta. Un rugido sordo. Suena de repente el despertador, de esos que vibran y que despiertan hasta las piedras. RING, RING, RING…

   María abre los ojos…. frente a ella los ojos grandes y felinos de una enorme pantera negra con la boca abierta enseñando sus afilados colmillos a la vez que profería un estremecedor rugido que hacía temblar toda la casa, que se unió al aterrador alarido que salió de la garganta de María. Todo su cuerpo temblaba y ahora muda su voz no podía articular palabra. La enorme pantera rugió de nuevo. María mirando a los ojos del felino lanzó un segundo grito que hizo añicos casi todos los cristales de la casa. Reculando, la pantera salió de la habitación de María sin perderla de vista. Bajó las escaleras de un salto y desapareció por donde había venido, escapada de un circo. La casa de nuevo en el más absoluto silencio con el despertador por los suelos y el cuco saliendo para cantar las cinco

» CUCÚ, CUCÚ, CUCÚ, CUCÚ, CUCÚ»….

NOTA DEL AUTOR:

De la pantera negra se supo que regresó a su hábitat natural corriendo sin parar…

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