NUNCA PASA NADA by Antonio Toribios

Imagen tomada de Pinterest

La noche en que lo conseguí  sentí una gran alegría y, enseguida,  una oscura inquietud. Llevaba muchos meses intentando arreglar la vieja radio del abuelo. En los pocos ratos que me dejaba mi trabajo, me encerraba en el ático y me sumergía en un mar polvoriento de lámparas, válvulas y condensadores. Era una manera como cualquier otra de olvidar mi amargura. Esa noche escuché emocionado los silbidos agudos que no oía desde niño. Moví la rueda del dial –París, Londres, Moscú, Copenhague– y nada, hasta que emergió aquella voz: “…y el enemigo está rebasando las defensas de la ciudad”. Parecía un parte de guerra. Tardé varios días en conseguir localizar de nuevo la emisión. Las voces eran aún más alarmantes. Los invasores estaban ya por todas partes. Seguí con mi vida. Trabajo y más trabajo, y los niños los fines de semana que tocaba, pero no podía olvidarme de esas ondas hertzianas amenazadoras. Hace dos domingos, estaba a punto de acostarme y volvió a suceder, pero esta vez solo eran gritos y disparos. Apenas tuve tiempo de bajar precipitadamente al sótano, y aquí estoy. No sé qué haré cuando se acaben las últimas ratas.

2º Premio del VI Concurso de Microrrelatos “El Roblón”. Soto de Sajambre. 2017

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