TIEMPO By Fran Arge

TIEMPO

Sentado en un banco de un parque, Julián se disponía a pasar la mañana de su primer día de jubilación.

Con un rostro maquillado con algunas arrugas y una mirada apagada, contemplaba a la gente que transitaba en diferentes direcciones por la larga avenida rodeada de jardines. Desvió su mirada de indiferencia hacía algunas personas que debían tener su edad o incluso más, ejercitando sus cuerpos con algo parecido al taichi.

Él, sin embargo, envidaba el destino de las personas más vitales y con objetivos, que pasaban por delante de él con metas que lograr.

En su interior, el corazón le oprimía exprimiendo lágrimas que contenía al límite del precipicio. Sentía una angustia, que hasta esa misma mañana no había notado nunca. Siempre había creído que era una persona vital, enérgica…toda una farsa montada para autoengañarse para tirar hacia adelante

Aún recordaba el primer día que empezó a trabajar como repartidor en un colmado de un amigo de su padre, con la ilusión de cambiar el mundo. Mas tarde, pasó a una fábrica textil donde conoció a su mujer. Y finalmente, en una metalúrgica donde había terminado hasta el día anterior, abocado, en el trabajo, para evitar sentir la ausencia que hacía algunos años le había dejado su difunta esposa.

Ahora con todo el tiempo del mundo, sentía que no le quedaba nada por vivir, que lo mejor había pasado, y que todo era un trámite hasta que la muerte lo encontrase.

Volvió su mirada a eso ancianos que perdían el tiempo intentando alargar su vida. De pronto, una de las mujeres que formaban el grupo lo miro. Julián se quedó cautivado por su mirada, una mirada brillante llena de ilusión. La misma que su mujer le trasmitió incluso, cuando su llama se apagaba. No lo comprendía. ¿Si estaban llegando al final, como podía transmitir esa energía?

Entonces, dejo escapar las lágrimas. Quería sentir esa vitalidad, pero se había rendido. Era demasiado tarde para él. Agachó la cabeza, decaído.

De repente, una mano se asomó a su campo de visión. Julián, reaccionó con un leve gesto de sobresalto y acto seguido alzó la mirada. Al ver que se trataba de la mujer que le había conmovido, se apresuró a secarse las lágrimas con el torso de la mano como cuando era niño.  La mujer, le volvió a ofrecer la mano acompañada de una sonrisa. Julián, sin mediar palabra, se dejó llevar, hasta donde estaba el grupo. Entonces, comprendió ni el mismo sabía cuándo llegarían su fin.  Así pues, solo le quedaba una opción, volver a vivir.

(Link Blog de Fran)

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