DESCONECTAR PARA RECONECTAR by Daniel Padilla

Imagen tomada de Pinterest

Daniel Padilla

Estos días he tenido la suerte de poder visitar las ciudades de Madrid y Segovia con el único objetivo de hacer turismo y de perderme por la Historia, la gastronomía y las costumbres de ambas. El resultado ha sido maravilloso y prueba de ello es mi intención de querer volver en un futuro no muy lejano. 

De museos está lleno y hemos visitado muchos de los más importantes, sin embargo, en el archiconocido Museo del Prado nos llamó inmensamente la atención el hecho de que estuviera prohibido hacer fotografías en el interior de las instalaciones. Después del calentón inicial, extrañados por tal ultraje en pleno Siglo XXI, me tomé un tiempo para reflexionar sobre la estricta norma impuesta por uno de los museos más importantes del país. ¿Es necesario?

Sí, después de todo, lo es.

Y, es que, en un lugar repleto de obras de Goya, Velázquez, El Bosco, Pradilla y demás, lo de menos debería ser la preocupación por inmortalizarlas. Pero somos así, y yo soy el primero que me veo en la necesidad imperiosa de querer inmortalizar cada momento. Obras de las que podemos beber para comprender el complejo proceso de creación del arte humano, las relegamos a un segundo plano para dar notoriedad a nuestro propio ego colgándolas en redes sociales en busca de me gustas y de interacciones. Algo que debería pasar como una simple anécdota, lo tomamos como un ataque a nuestro divertimento. En lugar de admirar las obras, sus pinceladas y su propia historia, nos preocupamos por querer albergarlas en nuestro archivo personal de fotografías.

Pero las instituciones tampoco se quedan atrás, ya que muchos de los museos que hemos visitado han dejado de ofrecer planos físicos del mismo; aquellos trípticos coloridos y necesarios para conocer la ubicación de las salas y de sus tesoros y en lugar de eso, lo único que ofrecen es un frío y anodino código QR para poder acceder vía internet a ellos. Eso, y es mi opinión personal, es no cuidar los detalles. El caso es que alegan motivos pandémicos en lugar de exponer abiertamente que esa nueva tecnología reporta menos gastos que el hecho de mantener el papel en liza. Porque las tiendas de los propios museos siguen abiertas y con los precios cada vez más al alza. ¿Incongruencia? 

Exactamente lo mismo ocurre con la reserva de horarios de entrada a las instalaciones previo pago. Si ya no existen las restricciones, ¿por qué lugares tan emblemáticos como el Alcázar de Segovia o el propio sitio de la Real Granja de San Ildefonso (preciosos ambos, por cierto) aún continúan con esas directrices? ¿No será que de esa manera pueden coordinar y acotar número de visitantes para poder ajustar presupuestos y, por ende, personal activo en las instalaciones? 

El caso es que estamos ante un horizonte en el que importará más la interacción digital que la analógica, eso ya lo sabemos de sobra, pero choca que tantas instituciones hayan querido utilizar la pandemia para acelerar el proceso de cambio al que estamos abocados. 

Necesitamos desconectar para volver a reconectar entre nosotros. Pero visto lo visto, nos empujan cada día más a la soledad de programaciones cifradas en códigos fuentes que nos alejan de lo analógico en base a una supuesta comodidad que de cómoda no tiene nada.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s