Archipiélago, 33: Isla (y hotel) Ramblas by Félix Molina

La libertad es como un número primo.

MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN – PEPE CARVALHO – ROBERTO BOLAÑO – J. RE CRIVELLO

Vázquez Montalbán, apostado en un café de Las Ramblas, se limpia las gafas con un pañuelo bordado con las iniciales P. C., mientras se esfuerza por ocultar la figura de un personaje suyo, Pepe Carvalho.

–No pienses que quiero ocultarte porque no me pareces un detective digno de la novela negra, Pepe. Todo es por la policía de las islas, que nos obliga a estos solapamientos con nuestros personajes. Eres un clandestino.

–Tranquilo. No será la única policía de la que tenemos que ocultarnos los detectives, Manolo… ¿Y ese que viene por ahí?

–Ah, es Roberto Bolaño. Un buen tipo. Chileno. Un chileno del mundo. Conoce más Barcelona y Cataluña que muchos catalanes. Está interesado en técnicas de escritura de la novela negra. Yo creo que poco puedo enseñarle. He leído un par de cosas suyas y nos da cien vueltas con eso. Pero no puedo ni quiero quejarme.

–¿Nos da? Que yo sepa yo no me escribo solo.

–Autor, personaje… ¡Qué más da, Pepe! Somos un equipo.

Se acerca Roberto Bolaño, con el mismo gesto de despiste de siempre, pelo rizado y desastrado, gafas grandes, mirada perdida en cien mil cosas (las flores, una muchacha que pide, los olores de La Boquería). Lo acompaña un señor con aspecto de pájaro inteligente. Lleva por lo menos una docena de libros, repartidos entre ambas manos. Bolaño sonríe y presenta:

–Buenas tardes, este es Juan Re. Lo mismo que yo he tenido la gentileza de hacerles un huequito en mi isla –porque los gringos de Google no han querido ponerle una isla, Manolo–, aquí Juan nos ha reservado un hotel en pleno centro de Las Ramblas…

Entré en el hotel 1898 con dos fantasmas, sin proponérmelo ambos, tanto Vázquez Montalbán y Roberto Bolaño habían fallecido dos años antes que se inaugurara este hotel. Había reservado una mesa para tres en su Restaurante El Nido. El plato lo había escogido y enviado por email, era la fideuá a base de fideos de arroz que prepara este gran escritor Montalbán en su libro Los pájaros de Bangkok (1983).

Nos sentamos, el camarero estupefacto pregunto: ¿Comerá solo? Le respondí: “Es un encargo, una fideuá para tres. Le ruego que sirva los tres platos a la vez”.

Manolo y Roberto se descojonaban de risa.

—He leído algo de los dos, pero no los conozco —dije para abrir fuego.

—Somos Barceloneses del alma, ¡los tres! —asumió Roberto Bolaño. Manolo asintió.

—¿Qué tiene esta ciudad que es tan atractiva? —pregunté

—Y, yo me crie en el Raval, muy cerca de aquí en la plaza del Padró.        —dice Manolo Montalbán

—Y yo llegué aquí en 1977 y trabajé en diversos oficios, tales como lavaplatos, botones, camarero, encargado de la recolección de basura, vigilante nocturno de cámping, descargador de barcos, vendimiador durante el verano o vendedor en un almacén de barrio. —agrega Roberto Bolaños

Y yo llegué en 1974, hice de todo. Era hippe y tomaba café en el Bar de la Opera a 200 metros de acá. Y uno de mis trabajos más fantásticos fue a casi 500 metros en el Sant Jordi, allí posaba desnudo para los pintores de ese Instituto.

—Todas trayectorias paralelas —dice con sorna Manolo. Como si los muertos que aparecen en nuestras novelas fueran tipos que han nacido en estas calles —agrega.

—¡Seguro que también se pesaban en El Regulador al comienzo de la calle del Carmen! —exclama Manolo.

“Si” —decimos a coro con Roberto. “Yo pesaba 62 kilos —dice j re crivello, estaba tan flaco que comía una vez al día en un restaurante llamado Peret, dentro del Raval, en el cual el lavabo estaba unido a la cocina y una imagen de Frank Zappa presidia el centro del comedor que por cierto compartíamos la todos la misma mesa.

En mi caso —dice Bolaños: “viví durante un año en la adoquinada calle Tallers, ubicada en el barrio de El Raval, a dos cuadras de la plaza de Cataluña. Un apartamento, de 25 metros cuadrados, estaba en la cuarta planta de un antiguo convento, con un baño compartido con los demás vecinos, sin timbre eléctrico y con dos ventanas exteriores que miraban hacia otro edificio, al otro lado de la calle”.

—Tú, has escrito una barbaridad Manolo —afirma j re crivello. El asiente. Luego, me atrevo a preguntar: ¿Cómo surgió Pepe Carvalho?

— Como comisario, Pepe Carvalho nació tras una apuesta entre José Batlló, el fundador de la colección de poesía El bardo, y yo, en un bar del barrio de Gràcia. «Te escribo una novela negra en 15 días» —Le dije y se estira Manolo hacia atrás.

Sirvieron la fideuá. Los tres platos humeaban, el vino comenzó a bajar. El camarero mantenía firme su vista mientras los tres comíamos. Bueno mi plato bajaba y el de mis dos compañeros ya desaparecidos se mantenía. La charla crecía. Hacia el fondo la puerta que daba a Las ramblas giraba una y otra vez.

Manolo Montalbán intuye nuestro interés por Pepe Carvalho y lentamente decide describirlo así: “Ahora trabaja como detective privado (huelebraguetas) en un despacho de 30 metros en las Ramblas. Investiga todo tipo de delitos, desde infidelidades conyugales a asesinatos o desapariciones. Alto, moreno, viste ropas de sastre o trajes de rebajas que lleva de un modo desaliñado. Vive en Vallvidrera (Barcelona), en una pequeña villa alquilada.

Tiene la extraña y conocida afición de quemar sus libros queridos en la chimenea. Dice en «Asesinato en el comité central» que su etapa de comprador de libros terminó a principios de los 70 cuando se sorprendió a sí mismo esclavo de una cultura que le había separado de la vida.

Mantiene durante 20 años una relación intermitente y no exclusiva con Charo, prostituta, que acabará retirándose del oficio y abandonándole para trabajar como recepcionista en un hotel de Andorra” (1)

Nos despedimos, son las 6 de la tarde, Roberto Bolaño sube por la Rambla en dirección al bar Zurich, Manolo baja hasta calle del Carmen, y en mi caso me entretengo viendo los kioscos de pájaros, uno de ellos me mira. Su graznido me recuerda que El Raval, al que me patee tantos años, hoy es una mezcla hoy de paquis y gente mezclada. Nada ha cambiado —pienso. Solo que ahora están los paquis.

Nota:

(1)Mis detectives favoritos (Link)

Nota 1:

Libros de Pepe Carvalho

  1. Yo maté a Kennedy. Impresiones, observaciones y memorias de un guardaespaldas, 1972
  2. Tatuaje, 1974
  3. La soledad del manager, 1977
  4. Los Mares del Sur, 1979
  5. Asesinato en el comité central, 1981
  6. Los pájaros de Bangkok, 1983
  7. La Rosa de Alejandría, 1984
  8. El balneario, 1986
  9. Historias de padres e hijos, 1987
  10. Tres historias de amor, 1987
  11. Historias de política ficción, 1987
  12. Asesinato en Prado del Rey y otras historias sórdidas, 1987
  13. El delantero centro fue asesinado al atardecer, 1988
  14. Historias de fantasmas, 1987
  15. El laberinto griego, 1991
  16. Sabotaje olímpico, 1993
  17. El hermano pequeño, 1994
  18. Roldán, ni vivo ni muerto, 1994
  19. El premio, 1996
  20. La muchacha que pudo ser Emmanuelle, 1997 – Incluido en Cuentos negros, 2011
  21. Quinteto de Buenos Aires, 1997
  22. El hombre de mi vida, 2000
  23. Milenio Carvalho I: Rumbo a Kabul, 2004
  24. Milenio Carvalho II: En las antípodas, 2004

Notas 2:

Libros de Roberto Bolaño

Poesía

Ediciones póstumas

Novelas

Ediciones póstumas

Cuentos

Ediciones póstumas

Recopilatorios

  • 2010 – Cuentos
  • 2018 – Cuentos completos

Ensayos y entrevistas

Notas 3:

Libros de j. re crivello

Puede consultar 2500 artículos de j re crivello en su blog Barcelona, o sus 13+1 libros publicados en Amazon.

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