Huir no es viajar, emigrar no es viajar

por JAVIER SÁNCHEZ

La oscuridad ha invadido mi vida
Ha contaminado mis alegrías
Después de veinte años, he de partir
Camino de donde no me quieren hacia donde tampoco me quieren.

Vengo enseñando los jirones de piel de  mi sufrimiento, herida el alma, profundos agujeros insondables que da la tristeza, el miedo a la ignominia, a la humillación, la esperanza perdida y lejana, ya muy lejana.

Voy por… a días barro, a días lluvia, a días nieve, a días enfermos, a días hombres, mujeres, niños, gente sin vida en los ojos, con la boca abierta, mirando al cielo perdido. Tumbados a un lado del camino de la huida. Muerte.

Con el alma sangrante y la mirada perdida, veo lo que no quería ver y todos ven tras las cajas de luz. Ni siquiera quiero que nadie lo vea.
Dejó atrás la edad de la oscuridad y me dirigo hacia no sé dónde.

Voy caminando encogido, encorvado por la tristeza de mi pasado, aquel feliz pasado en una mano, el atillo y mi vida, y en la otra mi pequeño futuro incierto, que camina a pasito corto, con su osito mugriento, pero bien cogido para que no caiga a los infiernos.

Camino entre árboles, entre lenguas que no entiendo, entre gente que no me entiende, que me teme o me odia y me hacen temerles. La oscuridad me va atrapando día día, frío a frío.

Pero es que solo quiero llegar a algún cielo, porque camino huyendo del ensordecedor silencio de la muerte, del hambre, de la humillación, de la pérdida, huyendo de mi suelo lleno de sangre y odio que no comprendo. Malditas religiones, maldito dinero, malditos seres.

Vengo del infierno, que otros han creado, por su avaricia y su ansia de poder, por los que habítan las tierras que cruzo, o a las que me dirijo, si es que hay algo tras esa bruma.

Observo a mi futuro incierto, a mi pequeñito futuro, que camina a mi lado, indefenso, con sus grandes ojos mirándome siempre, para no ver a los lados, porque la noche le aterra. Y siento como su miedo corre por mi mano, por mi brazo y atraviesa mi pecho hasta mi alma, como un rayo demoledor.

Y mis lágrimas limpian mi cara a surcos. Mi alma hueca se va durmiendo poco a poco. Cojo en brazos a mi pequeño futuro y lo abrazo fuerte para que rellene ese hueco.

Es que vengo de tan lejos que a dias pienso que todavía estoy allí. En el terror de la religión, de la incomprensión, de la humillación. Terrible vida esta vida que me han inventado los que sonríen en lujosos eventos.

Huyo, que no viajo, con mi futuro hacia un futuro. Porque emigrar no es viajar.

https://laspalabrasdejavier.wordpress.com/

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