MOVIERECORD by Antonio Toribios

Imagen tomada de Pinterest

Hoy me he despertado y León no está. Sencillamente ha desaparecido. En su lugar hay una enorme superficie de agua de la que solo sobresalen las agujas de la catedral. Esto es León, tu ciudad, decía uno de aquellos anuncios que ponían en los cines. Desde aquí arriba, desde la torre del guarda, se veía bien toda la ciudad hasta ayer mismo. Siempre me acordaba de aquel spot publicitario (¿se dice así?, entonces era lo moderno) al ver la ciudad a mis pies, emergiendo tras el bosque de pinos. La catedral resaltaba entre las casas, como una joya podríamos decir, aunque esté la imagen ya muy gastada. Pero así lo sentía yo entonces. Siempre me ha gustado subir aquí, a lo más alto. Es una manía mía. En esto me parezco al magistral. “La heroica ciudad dormía la siesta”. La leí yo de aquella, cuando empezaba a subir solo por aquí a ver León, mi ciudad, desde arriba. Es bonito porque te sientes como fuera de todo,  es como si las cosas malas no pudieran tocarte. Al principio la torre del guarda era un sitio prohibido. Podían verte subir y venir la policía a detenerte. Eso decía Ramiro, y apostillaba que a un conocido suyo le había pasado. Luego fuimos cogiendo confianza y subíamos a echar un cigarro. Así de paso no nos veía nadie conocido que le fuera con el cuento a nuestros padres. Con el paso del tiempo, yo seguí viniendo. Los otros no. Se hicieron mayores y ya no les gustaban estas cosas.

El caso es que hoy me he dormido y cuando desperté León, mi ciudad, ya no estaba allí. Solo hay una masa líquida que lo cubre todo. La catedral se ve, pero solo los picos. No sé qué puede haber pasado. Quizá un gigante haya volcado ahí su jofaina tras las abluciones matinales. Aunque es verdad que es tiempo de deshielo y el Bernesga venía estos días a rebosar. Claro que, también puede ser cosa del efecto invernadero que se ha acelerado de repente. O, ahora que lo pienso, va a tener que ver con la variante de Pajares. Todo el mundo dice que hay graves problemas con las aguas subterráneas. Todo sea que el Cantábrico haya conectado de algún modo con los túneles y se nos hayan venido para acá unos cuantos millones de hectolitros. Debe de haber ocurrido todo muy deprisa, porque no se ve a nadie. ¿Habrá quedado todo el mundo sumergido? Debería verse algún superviviente, oírse voces, no sé…

En los últimos tiempos subo por aquí más a menudo. Cuando trabajaba en la gestoría venía con Susana y las niñas los domingos. Subía a veces con ellas y les encantaba ver desde aquí León, su ciudad, y yo les contaba lo del anuncio del cine y la musiquina que sonaba. Luego empecé a venir solo. Sobre todo porque tampoco tenía con quién venir. Más de una noche la paso aquí arriba, con la única compañía de las estrellas. Ya sé que es redicho, pero es que realmente me acompañan, sobre todo una que titila (¿se dice titila?) y emite mensajes en código Morse. Si supiera los signos, quizás esta noche me confiase el secreto de lo que está pasando. Del porqué de haberme encontrado al despertar con todo esto, es decir con la nada. ¿Estarán debajo todos los coches, los autobuses, los policías de tráfico, los niños que iban al colegio? ¿Y los silbatos, los cláxones, las sirenas? Desde luego no se oye ni una mosca. Debería bajar e intentar llegar hasta el agua. Lo voy a hacer.

Aunque mejor no. Pensándolo bien voy a intentar dormir otro rato. Al fin de cuentas no me esperan en ninguna parte. Lo mismo despertando a una hora más prudente, rayando ya con el mediodía, todo se vea de otra manera. Quizás la luz del sol haga el milagro. Cuando está en la cumbre del cielo, los rayos caen rectos del todo y las cosas no tienen sombra. Nada malo puede ocurrir en un mundo sin sombras. A lo mejor aparece aquel León, tu ciudad, llena de bares atestados y de gente caminando arriba y abajo por Ordoño, con el cine Mary, y el Azul y el Condado recogiendo parte de la riada humana. Una riada de personas, que no de agua, es lo que se llama una metáfora, que yo era bueno en Literatura entonces, antes de que mi vida se fuera desbordando poco a poco. Que es que la gente me ha ido orillando, y no es que quiera reincidir una y otra vez en lo fluvial, que es que me sale. Últimamente ya nadie me cree ni tiene en cuenta lo que digo. Hasta tal punto es así que hay muchos empeñados en que hace más de treinta años que no existe la torre del guarda. Según ellos la desmontaron. Cómo va a ser eso verdad si estoy aquí viendo León desaparecido bajo las aguas. Esto es León, tu ciudad…y después la película, aquella en que se abría el mar Rojo y se desplomaba luego sobre los malos, que desaparecían con carros, caballos y armaduras sin dejar el menor rastro, ni siquiera la parte puntiaguda de los cascos de guerra.

Pero, callad, que está empezando a sonar ya la musiquina.

ANTONIO TORIBIOS

Publicado en La  Nueva  Crónica de León. Serie “León apocalíptico”. 2018

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