Archipiélago, 19: Isla Orwell by Félix Molina

Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.

GEORGE ORWELL – RAY BRADBURY

Poco se dejaba a la sorpresa en la Isla Orwell. Es evidente que una guirnalda de cámaras vigilaba cada evento, cada evolución, por mínima que fuera, de sus habitantes y sus plantitas. Estaba la engolada voz del dirigente con su discurso de siempre, los supervisores y los supervisores de los supervisores. Estaba cada acto, cada minuto y cada segundo de cada acto grabado y memorizado en cada memoria, como una pasta lenta que se cuece y se pega, y termina por ser la misma masa quemada por el mismo sol.

Mil novecientos ochenta y cuatro, podía leerse en cada rincón. ¿Era una cifra o era un destino?  Para dilucidarlo, navegaban desde otras islas espíritus libres, ilustrados, renacentistas de rompe y rasga, liberales ajusticiados y vueltos a ajusticiar, heroínas con los ojos vendados y el cuello presto al acero. Todas y todos querían saber de aquella isla donde habitaba –oscura como una gema negra– la apoteosis de la esclavitud.

Orwell los esperaba pacientemente, acodado con elegancia en una de las mesitas que había dispuesto en las orillas isleñas. Saludable y amigo, su brazo se anudaba a los huéspedes, hasta que una voz megafónica irrumpía en el corazón mismo de la bienvenida, como el recitar de un loro gigantesco:

 – ¡ACABAN DE INGRESAR EN LA ISLA ORWELL! ¡ABANDONEN TODA ESPERANZA DE SER LIBRES!

Y las frentes se combaban hasta alcanzar casi las arenas grumosas de la playa. Justo en ese momento, un canto de sirenas de emergencia doraba el horizonte, acompañado de un olor a chamusquina y un crepitar de libros. George, algo sorprendido por un sonido que no debía de ser, en ese lugar y en esa hora, se encaminó a la ubicación resplandeciente. No tardó mucho en arrollarlo un hombre de gruesas gafas de pasta negra y mechones de pelo canoso por toda cabellera. Su mensaje era claro:

– ¡Al mundo solo le queda una oportunidad: memoricen como les sea posible un libro y habrán salvado un pedazo de vida!

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