EL PESO SOBRE LOS HOMBROS by Rosa Liñares

Fotografía de Limón celeste

Hace unos días me quité un peso de encima. Uno gordo. De esos que no te dejan dormir. De los que son un comecocos constante y están presentes cada minuto del día. Pensé que, una vez liberada de ese peso, podría volver a dormir tranquilamente, o por lo menos las horas necesarias para mi cuerpo. Pero no. Resulta que ese alivio duró menos que un suspiro y esa sensación de poder respirar tranquila dio paso a otros comecocos…

Resulta frustrante. Es como el que está en el corredor de la muerte, que cuando se acerca el día le dicen que no lo ejecutan; llora de emoción, pero luego le dicen que no es que no lo vayan a ejecutar, es simplemente que han pospuesto su ejecución. ¿Cómo no sentirse frustrado?

Cuando consigo ese momento zen, donde todo es tranquilidad y calma, algo tiene que venir a enturbiar esa paz. Esa primera sensación de alivio da paso a un nuevo peso sobre los hombros. Algo que no tiene nada que ver con la primera carga, pero que hace que el cuerpo se doble y tambalee porque aún no se ha recuperado del peso anterior. Y el cansancio es brutal. Y el peso, aunque sea más ligero, parece mucho mayor.

Parece que el alivio, la tranquilidad, la despreocupación… son algo efímero. No puede durar. Enseguida otra preocupación ocupará ese puesto. No vaya a ser que uno se (mal)acostumbre…

https://lallavedelaspalabras.wordpress.com/2020/03/25/adornos-by-rosa-linares/

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