Juan by Cony Salomon

    Los padres de Juan debían viajar por cuestiones relacionadas con su trabajo,

    así que ese verano lo llevaron al pueblo, a casa de su abuela Filomena.

En casa de mi abuela me sorprendieron algunas cosas: los muebles de madera rústica y las camas de hierro; no había armarios sino baúles; la cocina era de carbón y en el comedor había una estufa de leña.

Mi abuela se levantaba temprano y prendía la cocina. En la chapa siempre tenía un pote con agua; le gustaba sentarse en la silla de enea y saborear sopas de ajo.

A veces me mandaba a los recados. ¡Si vierais la tienda del pueblo! Nada que ver con el súper de la ciudad. Tiene sacos con legumbres, calderos de hojalata, unos ganchos con ristras de ajos y, no os lo perdáis, ¡venden pipas en cucuruchos de papel!

Para comer, Filomena hacía patatas a la cazuela o garigolos con arroz. Un día, un vecino le trajo un conejo desollado, lo adobó y lo guisó en una cazuela de barro. ¡Estaba de rechupete! El domingo preparaba magdalenas con cogolmo.

Los chavales íbamos al reguero a divertirnos y luego nos sentábamos en los soportales.

Después de cenar, mi abuela se juntaba con otras vecinas en la puerta, y los críos salíamos a jugar.

Es una abuela auténtica, para dormir me ponía la bolsa de agua caliente.

Cuando volvieron mis padres, comentaron que estaba «más lucido». Mi padre, moviéndome el pelo, me dijo:

─ ¿A qué se puede vivir con menos cosas?

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