Carta de despedida 3.9.21 by Clara Belén Sánchez

Las agujas comenzaron a bailar tan lentamente que el reloj apenas pudo respirar.

Sutilmente el tiempo se detuvo a medida que tus pasos se alejaron.

La casa se sintió extraña, caótica, neurótica y tan deshabitada como mi piel.

Nunca te marchaste, solo huiste.

Simplemente huiste cuando tu cuerpo aún permanecía aquí.

¿Habrá sido tu cobardía?

¿O tal vez mi alboroto?

Me encantaría entender que nos pasó…

Fuimos todo y de repente la nada misma.

Extraños conviviendo en un laberinto pantanoso, plagado de espinas y serpientes.

¡Carne putrefacta!

Huir no podía y sostener lo insostenible hacia que muriera por dentro.

Buscaba tus ojos para ver si había algún indicio, alguna respuesta o la más pequeña ilusión que me permitiera seguir aferrándome a vos.

Pero tu mirada estaba perdida…

 ¡No estabas!

Hacía mucho tiempo que habías escapado.

Quizás sólo te alejaste de mis interrogantes, de mis dudas, de tus sueños y lentamente sólo desapareciste.

Quizás no fue algo personal, te alejaste de vos y así me alejaste.

Te aislaste en un castillo con muros tan altos como inquebrantables.

Mi fuerza ya no era la misma, disminuía con cada intento de atravesar tus muros.

 Hasta que empecé a desaparecer yo también.

Me volví una sombra, mi vivacidad se debilitó y  mis sueños empezaron a apagarse.

 Me estaba volviendo  un ente sin rumbo.

Y aun así, utilizando el mismo lenguaje, era imposible encontrarte…

Corrí por vos.

Te busqué.

Te protegí de tus demonios.

Te resguardé.

¡Y ese fue siempre el problema!

Vos tenías que lidiar tus propias batallas.

Porque yo apenas podía sostenerme con las mías…

Era el final.

Lo más sano era aceptar que la cinta se estaba terminando, que la historia más hermosa que un día pude sentir había llegado a su fin.

Y aunque nunca pude despedirme hoy siento esta necesidad de decirte adiós.

Hoy cierro este capítulo en mi vida, aunque el episodio final hace meses que se estrenó.

Hoy me sumerjo sin miedo en el mar, sabiendo que no me voy a ahogar, que solo estoy borrando las huellas de tu nombre en mi cuerpo, que me limpio de tus olores aunque siga abrazando tus recuerdos.

Hoy purifico mi alma, para sanar y tal vez otro día volver a empezar.

Hoy te agradezco, las risas, la música, tu compañía, tus caricias, los abrazos, tu amor.

Guardo en un cajón de mi mente todo aquello que logramos ser y nuestros mejores momentos.

Desecho los peores porque solo logran que me apegue al dolor y evidentemente eso no me conduce a nada sano.

Ya no quiero  recorrer la misma historia una y otra vez intentando descifrar qué nos pasó.

Ya no quiero encontrarte en otros versos ni en los mismos errores.

Ya no quiero repetir ausencias.

Ya no quiero huir de vos.

Hoy te acepto.

 Lo que sos y simbolizás,

Y simplemente te digo:

 ¡ADIÓS!

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