Adolescente by Félix Molina

el
 La luz que vive –azul–
                        en el pecho del niño
                        se resolvía en letras
                        –caligrafía, amor.
                        A lo mejor la vida
                        cabía en un cuaderno,
                        lo presumía el alma
                        rodeada de estrellas
                        y de nombres fugaces.
                        Se repetía un sueño
                        –habitación, tesoro–
                        que acababa en guirnaldas,
                        y una música lenta
                        –rosa de la emoción–
                        dulcemente quebraba
                        la memoria veloz.

 

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