TIGRE (parte 3) by Jorge Daza

Eva observa desde fuera del ring cómo su boxeador golpea la marioneta. Esta es un simple muñeco acolchado enganchado a un poste que sube hasta el techo y se desplaza por todo el cuadrilátero por una serie de raíles. Tiene un holograma encima que simula un oponente de cuerpo completo pese a que la marioneta solo tiene la mitad superior. Tigre golpea con fiereza y el holograma imita la recepción de los golpes dependiendo de su intensidad. Eva revisa los datos en una tableta que lleva en la mano. Velocidad del ataque en metros por segundo, fuerza del impacto en kilogramos por pulgada, zona golpeada, estimación de daños, etc.

—Quiero ver tu izquierda —dice ella. —Dale un directo.

Tigre obedece y le da un rápido golpe a la marioneta. En una fracción de segundo los datos aparecen en la pantalla.

—No está nada mal. Eres casi tan rápido y fuerte como con la derecha.

La marioneta devuelve algunos golpes. Tigre intenta esquivarlos.

—Uno de los puñetazos te ha dado en el pómulo izquierdo. Debes ser un poco más rápido esquivando.

La puerta se abre y la figura de un hombre baja las escaleras hasta el gimnasio.  Eva le sale al paso.

—Lo siento, pero este gimnasio no está abierto al público.

—¿Dónde está el viejo Luis? —pregunta el hombre quitándose el sombrero de trelby morado para mostrar respeto.

—En las nuevas instalaciones. Le puedo dar las señas si quiere hablar con él.

—No, no hace falta. En realidad venía a verle a él ­—señala a Tigre mientras se acerca al cuadrilátero para verlo entrenar.

—¿Os conocéis?

—En realidad no. Coincidimos en el bar el otro día.

—¿Y usted es…?

—Ah, perdona, chiquilla. Me llamo Simón. Ojeador, manager ocasional y el mejor analista de boxeadores de la ciudad. ¿Tú eres…? —tienda la mano a la joven.

—Eva. Su entrenadora y manager —responde ella sin aceptar la mano. Simón la retira. —No nos hace falta más personal. Gracias.

—¿Su entrenadora? ¿No está a cargo del viejo Luis?

—Mi tío está ocupado con ese dichoso Tiburón. Yo me hago cargo de Tigre.

—Tigre. ¿Así es como se llama? No está nada mal. Un nombre con clase, he de reconocerlo. Veo que es bastante rápido con los puños. Es diestro y su izquierda es casi tan rápida como su derecha. Eso es bueno.

Eva revisa el dato en al tableta y se muestra sorprendida.

—Chiquilla, no me hace falta la tecnología para ver lo evidente. Ya te dije que soy el mejor analista. Sin embargo su ventaja reside justamente en su brazo izquierdo. Tiene un tiempo de reacción realmente sorprendente.

La joven revisa los datos compulsivamente.

—Ese detalle no lo vas a encontrar en ese trasto. Pero yo sí que lo veo. Es rápido. Es bueno. Chiquilla, creo que has encontrado un diamante en bruto.

Eva se interpone en medio, obligando a Simón a centrar su atención en ella. Mantiene una mirada iracunda.

—Tigre es mío —sentencia.

—Tranquila. No he venido a robártelo para otro gimnasio. No te preocupes. He venido a ofrecer mis servicios. Solo eso.

—No nos hace falta ninguna ayuda. Gracias. Puede marcharse.

—¿Acaso le has conseguido algún oponente?

—Eso no es de su incumbencia.

—Supongo que no. Un boxeador sin nombre y una entrenadora joven y desconocida. No creo que las puertas se abran a tu paso, precisamente. Te costará mucho conseguir un combate.

—Sé apañármelas muy bien yo sola.

—No digo que no, pero yo llevo moviéndome en este mundillo bastantes años. Tengo algunos contactos, y precisamente conozco al manager de un boxeador bastante gallito al que muchos querrían ver besando la lona. Quizá tu Tigre pueda convertirse en un héroe en su primer combate.

—¡Yo soy su entrenadora y manager! ¡Yo le buscaré un rival!

—¿Para qué seguir llamando puertas? Yo ofrezco una que puede abrirse con facilidad.

—¿Quién? —se interesa Eva.

Simón se sonríe y se acerca pavoneándose al cuadrilátero.

—El Martillo del Infierno —dice. —No es el Oso de Acero, pero es un buen comienzo. ¿Qué me dices, Tigre? —Simón pone confiado la mano en la lona.

El boxeador arremete con un golpe directo a la marioneta que hace fallar al holograma durante unos instantes. Se gira rápidamente y clava una mirada impregnada de un profundo odio sobre Simón al mismo tiempo que le señala  con el guante.

—Quita tu mano del cuadrilátero ahora mismo —dice.

Simón retira la mano rápidamente. Su rostro muestra confusión y algo de espanto. Tigre vuelve al centro del cuadrilátero y continúa castigando la marioneta.

—Odia que alguien invada el ring cuando él está encima —musita Eva. —No sé qué problema tiene, pero no deja pasar ni una.

—Curioso.

—Eva, acepta el combate —dice Tigre.

—¿Qué? Pero aún es pronto. Apenas conozco tus habilidades y no sé nada de ese tío.

—Puedo vencerle. Acepta el combate.

Eva mira a Simón. Este se encoge de hombros.

—Tú eres la manager —dice a modo de burla. —Pero yo sí conozco muy bien al Martillo. Quizá os venga bien un analista en el equipo —ofrece su mano para cerrar el trato.

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