Cartas desde América, y 21: Edgar Allan Poe by Félix Molina

Poe no ha muerto: tomado del diario de Alexander London

Baltimore, 8 de marzo, 1849

El callejón, el cubo de inmundicias, la botella. Ahí siempre lo encuentro, ese es su hogar y el sueño que corona cada uno de sus días. Pero el parecido es pura evidencia: la misma indefinición del mentón, la asimetría y el descendimiento del ojo izquierdo, el mínimo flequillo lamido a dos mitades igualmente asimétricas, las hormigas del bigote… ¡Es el rostro del Maestro!  Es –aunque no lo sabe– su gemelo.

Baltimore, 15 de mayo, 1849

Ya asiste a las sesiones terapéuticas de mi albergue. Le costó comprender, acaso en un principio parecía completamente enajenado de su destino, pero ya alcanza a vislumbrar algunas certezas. No es ningún lerdo. Tiene un conocimiento rudimentario de la poesía, una ligazón arrebatada hacia las imágenes de la noche y el sueño. Se cansa, pero el tónico consigue hacerle juntar seis, ocho, doce palabras, hasta que forman una línea. ¡Lo será, va a serlo! ¡Será un poeta!

Baltimore, 4 de julio, 1849

¡El Maestro ya es una sombra de mi propia creación!  He tenido la fortuna –y también la pesadumbre– de verlo recitar en un círculo de President Street. Dos veces se ha desvanecido y, a la tercera, una joven de la primera fila ha terminado de leer sus versos de The Bells con la destemplanza de la desgracia dibujada en la cara. Noche de fuegos de artificio donde yo soy el privilegiado espectador de esta metamorfosis: ¡mientras la crisálida del Maestro agoniza, la mariposa de John Wilkins (¿se llama así mi mendigo poeta?) empieza a aletear!

Baltimore, 5 de octubre, 1849

El principio está cerca. Los médicos del Church Home and Hospital no ofrecen esperanza alguna a los visitantes y amigos que, en grupos muy comedidos, se acercan al lecho del dolor del Maestro. Yo mismo estuve allí esta mañana y sé que se acerca la noche definitiva. Nadie sospechará de un filántropo que avanza un paso en la comitiva de la muerte y se ofrece como custodio del cuerpo amado. Todo está dispuesto: la sepultura donde se anulará el deceso, el sótano donde todo volverá a florecer. ¡La Poesía, otra vez viva, y esta vez mía para siempre!

_______________________

Edgar Allan Poe (1809-1849), el autor que cierra esta serie de 21 cartas americanas escritas desde el siglo XXI, es un prodigio de la imaginación fantástica, el puente entre la crisis de la razón y el triunfo de la pesadilla. De temple aparentemente racional  – como su máscara favorita, el detective Dupin– sus narraciones (un ramillete: El pozo y el péndulo, El gato negro, La caída de la Casa Usher) exploran ese límite entre lo percibido por los sentidos y lo inducido, directamente, por el miedo. Escribió también ensayo y poesía (como ese enigmático The Bells de la troquelación o The Raven, cumbre de la poesía norteamericana –e incluso europea– de su época).

Durante 47 semanas, una fantasía (Poe no ha muerto) se hizo folletín primero en Masticadores EE. UU. y ahora en Masticadores México.  La troquelación de arriba, que nos permite fisgar en la muerte de Poe, es un desarrollo posterior de uno de los personajes del relato, el enloquecido ingeniero Alexander London, que se ingenia un sustituto para el autor de Berenice sacado de la dura realidad social de mediados del siglo XIX.

En la actualidad, Poe no ha muerto  busca ser un libro impreso. Todo lo necesario para convertirse en su mecenas está aquí:

https://vkm.is/poenohamuerto

Un comentario sobre “Cartas desde América, y 21: Edgar Allan Poe by Félix Molina

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s