Cartas desde América, 20: William Faulkner by Félix Molina

Yoknapatawpha: sus límites, si los tiene

El tipo hablaba desde debajo de su gorra de heladero, agarrado a la pieza de baquelita del teléfono. Los mosquitos zumbaban alrededor de su chorla, mientras intentaba concentrarse en escanciar una jarra de limonada, con la fruta amarilla navegando en el interior.

–Que sí, agente, le deletreo: Efe, a, u, ele, ka, ene, e, erre, William, eso es. No, no Falkner, Faulkner.

Junto al enjambre de mosquitos se dejaba oír el de la voz del agente al otro lado.

 –Que sí, que insiste en que esto es un condado con un nombre indio… No, no me haga pronunciarlo, por Dios. Me lo ha enseñado en un mapa y todo. Bueno, es un tío de apariencia corriente, mediana estatura, bigote, peinado con la raya a un lado. Conduce un Buick color café con leche. Creo que está fumando en pipa.

El tipo echó al lado la jarra y limpió el mostrador con un paño húmedo, sucísimo. No le quitaba el ojo al tío que estaba fumando en pipa, dentro del Buick, con el motor encendido. El hombre le saludaba a cada rato tras el cristal resplandeciente, sonrisa bajo el bigote ya gris.

–El tío me habla de Benjy y los Compson, de una tal Rosa Coldfield. Dice que tiene prisa. Que no puede faltar al funeral de una tal Emily. Agente, que se está bajando del Buick. Le cuelgo, que está entrando…

El tío de la pipa cuyo apellido es Faulkner y no Falkner pide lumbre y si puede hacer una llamada.

 El tipo, azorado, le dice que sí, que sin problema y se echa a un lado, entregado a sus pensamientos, llevándose tras de sí la nube de mosquitos.

Como le digo yo que esto es Lafayette, Misisipi.

______________

William Faulkner (1897-1962) es novelista y, para sus lectores –como seguramente para él mismo–, el autor de un universo que suspende la ingrata realidad durante los sagrados minutos de la escritura y la lectura. Su nombre es Yoknapatawpha y su pronunciación (la del propio Faulkner) la que coloco abajo. En el imaginario condado (pero mucho más cierto que alguno real) conviven gentes del viejo sur estadounidense (los personajes de El ruido y la furia y Mientras agonizo), casi siempre arrastradas por su agonía, y criaturas que emergen de la espuma de una nación que vive cada lustro en una hora, como los de Santuario, su novela más ‘popular’. Emily, cuyo funeral no quiere perderse el señor de la pipa y el Buick color café con leche, es la protagonista de Una rosa para Emily, uno de los mejores cuentos de la historia de la narrativa breve, de una belleza formal similar a la de la flor del título.

Faulkner Pronouncing Yoknapatawpha – YouTube

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