MUERTE DANZANTE by Jorge Daza.

Korbis es un guerrero bastante bueno. No destaca por su rapidez o su técnica en combate, pero su don le permite imprimir tanta fuerza en un solo golpe que es capaz de romper rocas. Sus oponentes le subestiman, y eso siempre ha jugado a su favor. Pero este eban que tiene delante es distinto. No se ha precipitado. Ha esquivado los dos garrazos de Korbis con un esfuerzo mínimo y aun así mantiene la distancia y la calma. No adopta una pose de combate, y sin embargo su mirada fría refleja que se está tomando la pelea en serio.  Esa actitud, ese pelaje azabache y esa mancha blanca de la espalda… Si estoy en lo cierto, Korbis no tiene posibilidad alguna de victoria.

Vuelve a atacarle con furia. El eban de pelaje negro esquiva el primer golpe ladeando el cuerpo. El segundo va directamente al hocico, pero lo vuelve a esquivar moviendo la cabeza hacia la derecha. Korbis da un respingo hacia atrás. Ha hecho bien. La mirada de su rival no ha cambiado ni un ápice. Sigue despidiendo la frialdad de un asesino. Su mano derecha está cerrada. Un segundo más y le hubiera lanzado un puñetazo a Korbis en el estómago. Lo tenía desprotegido. 

—Alsun, ¿no quieres que intervengamos? —me pregunta Durato. 

Se ha situado justo a mi lado, también ha adoptado en la forma híbrida de humano y lobo, preparado para la batalla al igual que yo.

—No. Quiero ver de lo que es capaz ese eban.

—Si Korbis consigue alcanzarle una sola vez, ese desterrado acabará sin anfitrión y quedará a merced de los Devoradores.

Yo no estoy tan seguro de que vaya a pasar eso. Korbis no tiene mucha experiencia en el combate. Todas sus peleas acaban rápido porque su oponente comete el error de protegerse sin conocer el poder de su don. Por el contrario se nota que su rival tiene muchas batallas a sus espaldas. Mantiene la calma propia de un instructor ante su discípulo. Lo estudia. Busca sus puntos fuertes y los débiles. Analiza la situación para encontrar una oportunidad con la que pueda asestar el mayor daño posible. Y teniendo en cuenta que Korbis pierde fácilmente la paciencia, pronto la encontrará.

Otro nuevo intento de Korbis. Un garrazo dirigido al pecho, desde la clavícula hasta el costado contrario. Su rival se aparta unos centímetros con un simple paso atrás. Korbis cierra rápidamente el puño y trata de golpear de frente al torso. Pero ese extraño desterrado usa su pie de apoyo para girar sobre sí mismo y eludir el golpe con un movimiento extraño y sorprendente, impropio de un luchador. Se ha situado a la espalda de Korbis girando sobre sí mismo como si fuese un baile. Ahora están casi pegados, espalda con espalda.

—Ya le tiene —murmura Durato con total seguridad. 

Enseguida comprendo a qué se refiere. Korbis solo necesita girarse con el brazo extendido, dando así un golpe de media luna hacia atrás. Es imposible que lo vuelva a esquivar, y con su don activado el combate acabará en un abrir y cerrar de ojos. ¡¿Pero cómo es posible?! ¡El desterrado ha dado un Paso del Viento rapidísimo y se ha alejado varios pasos de distancia en un solo instante! El puño de Korbis solo ha tocado el aire. Y su rival continúa dándole la espalda, manteniendo la misma pose desprotegida que tenía justo antes de dar el Paso del Viento. Gira levemente la cabeza. Le mira por encima del hombro. Ahora mismo no quisiera estar en el pelaje de Korbis ni ser el objetivo de esos ojos calculadores.

—Ahora es mi turno —dice el desterrado.

Esa confianza en sí mismo, rozando la soberbia, es propia de su clan. No cabe duda. Korbis está a punto de experimentar una amarga derrota. 

—¡Adelante! —grita Korbis. —¡Atácame si te atreves! Enséñame de lo que eres capaz.

Maldito idiota. Provocarle no hará más que empeorar las cosas. El eban de pelaje negro le encara. Aún hay bastante distancia entre los dos, pero teniendo en cuenta que puede usar el Paso del Viento tan rápidamente, puede acercarse y golpear en un solo parpadeo. ¡Lo sabía! Acaba de usarlo otra vez. Pero Korbis se ha dado cuenta y ya está alzando su puño para impactarle al llegar. Por eso le ha provocado. Para… ¡¿Qué?! ¡Al poner el pie en el suelo para aterrizar ha usado otro Paso del Viento! Pero esta vez hacia arriba. Ha cambiado radicalmente la trayectoria de su cuerpo tan rápidamente que cualquiera se destrozaría la pierna intentándolo. Está saltando por encima de él, boca abajo, sin apartar la mirada de Korbis y sin suavizar su expresión de fuego contenido. Se mueve con una agilidad increíble. Gira su cuerpo sobre sí mismo en pleno salto con los pies juntos y perfectamente orientados al cielo. Todo sucede muy deprisa. Korbis no podrá reaccionar a tiempo. Su rival aterrizará justo detrás de él mientras termina de golpear el aire. Le ganará la espalda. Así lo ha hecho. Ha aterrizado con la suavidad de un gato. Korbis está desprotegido. Solo puede mirar por encima del hombro. Sus ojos reflejan terror. Sabe que el combate está decidido.

El eban del pelaje de la noche golpea con tal fuerza que el cuerpo de Korbis aterriza unos pasos más adelante. Ha usado un don, pero no he podido ver cuál ha sido. Posiblemente la Llama del Espíritu a juzgar por un leve destello azulado que he visto alrededor del torso de Korbis. Sea como fuese ya no se puede hacer nada. Korbis está tumbado boca abajo en el suelo sin la capacidad de defenderse.

Durato se pone en guardia. Está a punto de intervenir a favor de nuestro compañero. Yo alzo la mano por delante de su cuerpo para hacerle entender que no debe hacerlo. Ese desterrado es muy peligroso. Perder a un guerrero es aceptable, dadas las circunstancias. Durato me mira conteniendo su rabia, pero acata la orden sin protestar y se limita a observar igual que todos los demás.

El eban se acerca paso a paso hacia Korbis. Este intenta arrastrarse hasta nosotros, aunque es inútil. Es incapaz de avanzar ni un paso debido a los daños sufridos en su cuerpo. Debe de tener la columna vertebral destrozada. Escapa sangre de entre sus colmillos. Seguramente tenga los pulmones destrozados. Ese cuerpo ya no le sirve. Se aferra a la vida por instinto, pero todos sabemos que es mejor que lo abandone.

El desterrado ha parado de avanzar. Se ha situado justo al lado de Korbis. Su mirada está puesta en Durato. Le ha visto las intenciones de intervenir. Parece que espera que lo haga. No, no es eso. No es un reto. Es… ¿una advertencia? El cuerpo de Korbis recibe otro soberbio golpe en la espalda. Esta vez más violento que el anterior. Acaba de asestarle otro puñetazo tan brutal que le ha hundido el pecho en la tierra. Esta vez lo he visto. Aunque el ataque ha sido muy rápido, he logrado ver la Llama del Espíritu en el puño del desterrado. El cuerpo de Korbis ya no se mueve. Su mirada está vacía, carente de vida. Su rival se pone nuevamente en pie y vuelve a depositar sus fríos ojos en Durato mientras vuelve a caminar hacia nosotros a paso lento. Despide un aura de terror que casi puedo palparlo desde aquí. Yo ya sabía que los miembros de su familia estaban orientados exclusivamente para la pelea, pero nunca imaginé algo así. Ha derrotado a su oponente con dos golpes y usando tan solo un par de dones comunes. Ni siquiera le ha hecho falta usar su don de familia o el suyo particular y, pese a ello, ha destrozado completamente a su rival. Ahora lo entiendo. Su forma de luchar no se basa solo en las habilidades o el uso de los dones, también juega con la psique de sus enemigos. Infunde terror. Las historias que cuentan sobre su familia son todas ciertas.

Sigue avanzando hacia nosotros. No puedo distinguir si tiene intención de iniciar otra pelea o no. Aunque creo que simplemente quiere intimidarnos para evitar un conflicto. Está haciéndonos ver que es peligroso, y no le falta razón. No podemos mostrar debilidad. De lo contrario nos tendrá dominados. Durato está a punto de perder la compostura. No creo que sea tan estúpido de lanzarse sobre el desterrado para vengar a Korbis, pero si por el contrario da un solo paso atrás el desterrado le tendrá dominado. Tengo que intervenir.

Me levanto de la roca donde me he sentado para presenciar el espectáculo y avanzo lentamente a su encuentro. Si desvío los ojos hacia un lado lo interpretará como que estoy amedrentado, pero si le sostengo la mirada lo considerará un reto. Mejor centraré mi atención sobre el cadáver de Korbis y mostraré desinterés. De esa forma no me considerará una amenaza.

—Nunca había visto un estilo de lucha tan peculiar —le digo parándome al estar muy cerca de él. —Ha sido como… ver a la muerte bailar. Una Muerte Danzante. 

Pasa a mi lado, casi rozándome, y sin prestarme el más mínimo interés. Me siento aliviado. Combatir contra él sería mi perdición. Pero no puedo dejarle marchar. Necesito tener a alguien así como aliado.

—¿Te gusta pelear?

Mi pregunta ha hecho que se pare. He captado su interés. Me observa por encima del hombro. Sigue con esa mirada tan fría y carente de sentimiento. Es imposible saber qué está pensando. Me pone nervioso.

—¿Es un reto?

Es parco en palabras, y aun así muy directo. Su voz grave y gutural va a juego con esa aura de terror que despide. Da la sensación de estar hablando con un monstruo.

—En realidad es una proposición. Si te unes a nuestra manada podrás seguir disfrutando del placer de la lucha. Ahora mismo no hay muchas guerras de humanos en las que participar después de que Aníbal perdiera contra Roma, así que supongo que tienes que estar un poco aburrido. ¿Qué te parece luchar contra otros ébanos como nosotros? Lobos, linces… Lo que se tercie. Estoy seguro de que habrá alguien que te suponga un verdadero reto.

—¿Estás pensando en iniciar una guerra entre Grandes Espíritus?

—Nada de eso. Lo que quiero es adueñarme de una esfera. De tener un hogar. 

Aún me mantiene la mirada. Sigo sin saber qué piensa. Espero que mi oferta sea lo suficientemente tentadora. Al fin reacciona. Vuelve la vista al frente y continúa andando sin darme una repuesta. Al menos no es una negativa. Puede que acabe por convencerlo.

Durato se me acerca.

—¿Unirse a nosotros? —me dice. —No podemos aceptarle así por así. No sabemos nada de él.

—Claro que sabemos algo de él. Es un dauri. Con eso basta.

—¿Un dauri? Imposible. Su esfera desapareció hace años. Y los dauri con ella.

—Pues parece que quedó uno. Y, créeme, si todas las historias que circulan sobre ellos son ciertas, tal y como pienso, mejor tenerlo de nuestro lado.

—¿Y qué hacemos con él? —dice Durato señalando el cuerpo inerte.

El espíritu de Korbis sale en su forma original, igual a la de un lobo, del cuerpo del humano que una vez poseyó. Está débil y aturdido. La carnaza perfecta para un Devorador que merodee por los alrededores.

—Deja que se refugie en el bastión. Aunque logremos convencer al dauri, por el momento no podemos prescindir de nadie.

Historia basada en los personajes y el mundo Ibero.

https://www.editoriallxl.com/tienda/Ibero-Jorge-Daza-p146069093

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