La bruma del lago de Carlos Hernández

RESEÑA by Sergio Reyes

«La bruma del lago» es la tercera novela que publica Carlos Hernández, esta vez con el sello editorial Pluma Verde. Y por tercera vez nos sorprende con un cambio de registro. Si en «Susurros de la nipa» nos sorprendía con una novela de aventuras en la colonia española de Guinea Ecuatorial y en «Yakaar» con una obra trepidante, un thriller sobre secuestros terroristas protagonizado por un guardia civil, en «La bruma del lago» nos traslada a un territorio inventado por él mismo en el que un artista busca añoradas respuestas con el trasfondo de una trama policial. El autor demuestra así, una vez más, su madera de escritor y su capacidad de enfrentarse a diferentes retos literarios sin que le tiemble el pulso. En la siguiente imagen tenéis la sinopsis de esta obra:

La creación de mundos imaginarios en los que ubicar las historias siempre ha estado presente en la pluma de los grandes literatos de todos los tiempos. Macondo, creado por Gabriel García Márquez; Mágina, por Antonio Muñoz Molina; Auria, por Sergio Llanes; la Tierra media, por Tolkien o Fantasía, por Michael Ende son solo algunos ejemplos de escenarios inventados por algunos de los mejores autores del mundo (y por falta de espacio me he saltado otros como Liliput, Camelot y un larguísimo y casi eterno etcétera). Valle frondoso es el territorio en el que nos sitúa Carlos Hernández en su «La bruma del lago«. Una comarca idílica y plena de naturaleza, muy montañosa y abundante en ríos y lagos. Un destino incierto al que viaja el protagonista buscando respuestas y donde conoce a personas tan especiales y positivas como Berta:

«Dicen, y la verdad siempre lo he pensado, que la risa es una de las mejores terapias que existen en la vida, y ésta vez Berta estaba radiante, sus ojos brillaban de una manera poco usual y me abrazaba como pidiéndome clemencia por los dardos burlescos que me estaba lanzando.»

La creación de mundos imaginarios en los que ubicar las historias siempre ha estado presente en la pluma de los grandes literatos de todos los tiempos. Macondo, creado por Gabriel García Márquez; Mágina, por Antonio Muñoz Molina; Auria, por Sergio Llanes; la Tierra media, por Tolkien o Fantasía, por Michael Ende son solo algunos ejemplos de escenarios inventados por algunos de los mejores autores del mundo (y por falta de espacio me he saltado otros como Liliput, Camelot y un larguísimo y casi eterno etcétera). Valle frondoso es el territorio en el que nos sitúa Carlos Hernández en su «La bruma del lago«. Una comarca idílica y plena de naturaleza, muy montañosa y abundante en ríos y lagos. Un destino incierto al que viaja el protagonista buscando respuestas y donde conoce a personas tan especiales y positivas como Berta:

Sergio Reyes Puerta23 feb. 2020 9:12
para mí

Hola Juan, he visto que en la reseña de la bruma del lago (https://masticadoresarchipielago.wordpress.com/2020/02/14/la-bruma-del-lago-de-carlos-hernandez/) falta bastante contenido y se repiten dos párrafos. Te vuelvo a enviar el texto que te envié por si se puede corregir. Gracias por todo:

La bruma del lago

Carlos Hernández

RESEÑA

«La bruma del lago» es la tercera novela que publica Carlos Hernández, esta vez con el sello editorial Pluma Verde. Y por tercera vez nos sorprende con un cambio de registro. Si en «Susurros de la nipa» nos sorprendía con una novela de aventuras en la colonia española de Guinea Ecuatorial donde vivió su padre y en «Yakaar» con una obra trepidante, un thriller sobre secuestros terroristas protagonizado por un guardia civil, en «La bruma del lago» nos traslada a un territorio inventado por él mismo en el que un artista busca añoradas respuestas con el trasfondo de una intrigante trama policial. El autor demuestra así, una vez más, su madera de escritor y su capacidad de enfrentarse a diferentes retos literarios sin que le tiemble el pulso. En la siguiente imagen tenéis la sinopsis y portada de esta obra:

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La creación de mundos imaginarios en los que ubicar las historias siempre ha estado presente en la pluma de los grandes literatos de todos los tiempos. Macondo, creado por Gabriel García Márquez; Mágina, por Antonio Muñoz Molina; Auria, por Sergio Llanes; la Tierra media, por Tolkien o Fantasía, por Michael Ende son solo algunos ejemplos de escenarios inventados por algunos de los mejores autores del mundo (y por falta de espacio me he saltado otros como Liliput, Camelot y un larguísimo y casi eterno etcétera). Valle frondoso es el territorio en el que nos sitúa Carlos Hernández en su «La bruma del lago«. Una comarca idílica y plena de naturaleza, muy montañosa y abundante en ríos y lagos. Un destino incierto al que viaja el protagonista buscando respuestas y donde conoce a personas tan especiales y positivas como Berta:

«Dicen, y la verdad siempre lo he pensado, que la risa es una de las mejores terapias que existen en la vida, y ésta vez Berta estaba radiante, sus ojos brillaban de una manera poco usual y me abrazaba como pidiéndome clemencia por los dardos burlescos que me estaba lanzando.»

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Como siempre, la escritura de Carlos resulta fluida y cómoda de leer y con esa facilidad que lo distingue nos introduce en los entresijos del territorio de Valle Frondoso, nos presenta a sus habitantes, desde el más huraño hasta los más colaborativos y nos traslada a un lugar de ensueño que, como si de una espesa bruma se tratara, sin duda nos envuelve y nos atrapa. Que no os asuste la bruma, eso sí, porque Valle Frondoso es una tierra amable, agreste y con un fuerte potencial turístico, una comarca que atrae a miles de turistas todos los años:

«Hoy era un día fuerte de trabajo. Había venido un autobús con turistas de una agencia de viajes, fue una buena decisión el comer aquí. De esta manera Berta estaría cerca del negocio por si hacía falta. Y aproveché la ocasión para enseñarle las notas a Adela. Sin embargo, fui incapaz de decirle la verdad».

Pero además, el autor nos propone una trama detectivesca, un crimen sin resolver y un accidente de tráfico mortal que impulsan al protagonista a investigar para descubrir lo que hay detrás de aquellas muertes. Y lo hace de una forma muy visual, pues Carlos escribe como en una película, cargando sus textos de imágenes y movimiento. Por eso no es de extrañar encontrarnos con textos como el que leemos en la siguiente cita extraída del libro:

«No recordaba un brindis así, desde hacía años y, claro está, fue con mi amada esposa. Como es lógico me lo callé, Berta no sabía aún nada de mi pasado, y tampoco procedía hablar del tema. Estaba siendo una velada grandiosa, me encontraba como un adolescente en su primer día de salir con una chica. Cenamos y decidimos tomar el aire fuera, en una terraza iluminada con lámparas de campamento, dándole un ambiente romántico, de esos que se ven en las películas con una bonita música y una chica guapa a tu lado. Es decir, yo estaba en esa película, porque de todo lo mencionado no faltaba absolutamente nada».

«La bruma del lago» es, por tanto, un texto interesante y agradable de leer que nos meterá en un terreno nuevo y desconocido, un territorio que, por cierto, dará mucho que hablar, pues he oído que existe un proyecto para que varios escritores ubiquen sus tramas en Valle Frondoso en una futura publicación que también hará las delicias de los lectores. ¿Te vas a perder, por tanto, la génesis de lo que puede convertirse en un maravilloso mundo literario? Y si encima la lectura de «La bruma del lago» es adictiva, ¿qué más se puede pedir? Corred ya a por vuestros ejemplares, insensatos.

Editado por J. Re. Crivello, Melba Gómez y Antonio Caro.

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