MANUAL DE SUPERVIVENCIA DEL POETA El poeta y la lectura – 2a parte

El poeta y la lectura – 2a parte

Programa a emitirse en «Letras encadenadas», Getafe, España en el presente mes de marzo en la voz de Rosario Salazar y Gocho Versolari

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A mediados del siglo XV, Johannes Gutenberg inventa la imprenta,    el proceso por el cual los libros que hasta ese momento eran manuscritos o únicos podrían ser difundidos y reproducidos en grandes cantidades, siendo de este modo  accesibles a todos los públicos.
En pasados programas mencionamos con Rosario al pensador sureño Marshall McLuhan, quien en los años setenta elabora su tesis acerca de la influencia de los medios de comunicación en el pensamiento humano y en la naturaleza de los paradigmas que definen la cosmovisión de una cultura. El pensamiento de McLuhan se puede definir con el título de uno de sus libros: “El medio es el masaje”
“El medio, o el proceso, de nuestra época -la tecnología eléctrica-está reorganizando y estructurando los patrones de la independencia social, así como cada aspecto de nuestra vida privada. Nos está obligando a replantear y revaluar prácticamente cada pensamiento, cada acción y cada institución que antes dábamos por sentado”, se señala desde uno de los capítulos, antes de pasar a explicar el por qué en aquella época todo estaba cambiando: el ser humano (usted), la familia, el barrio, la educación, el trabajo, su gobierno y hasta la relación con “los otros”.
 
El título del libro es una paráfrasis sobre la frase original “El medio es el mensaje”. Al hablar de masaje, McLuhan afirma que la utilización de determinado medio de comunicación, la elección de una forma de trasmitir la cultura a las nuevas generaciones no es inocente. Oralidad, universo caleidoscópico, palabra escrita o libros, cada uno de ellos condiciona cierta matriz de pensamiento que necesaria e inconscientemente  nos lleva a privilegiar ciertas ideas o posturas sobre otras.
McLuhan admite que la forma idónea de comunicación y de trasmisión de la cultura es la del universo caleidoscópico, marcado por la oralidad, la misma que en este momento practican muchos pueblos originarios. Explica que la puesta por escrito de la cultura, la exclusividad que se asigna a este método (hasta el punto de no poder establecer una conexión con la cultura prehistórica debido a la falta de documentos escritos), es la que genera el pensamiento dogmático. La vuelta de tuerca que significara la invención de la imprenta es la que a su vez engendra el pensamiento mecánico y da lugar a la actual tecnología. En opinión de McLuhan, paradójicamente, el avance de la tecnología, los medios audiovisuales de su época y la actual internet, retrotraerían la humanidad a la visión caleidoscópica y a una forma de trasmisión en la que tendría un gran papel la oralidad.
Hay ciertos hechos históricos que dan la razón a McLuhan. Al considerar el cristianismo como sagrado el libro que serviría de base a su credo, la presencia de este durante muchos siglos fue producto de una clase exclusiva basada en un oficio, el de escribas. Quien conocía el oficio de la escritura era privilegiado. En las epístolas de Pablo, por ejemplo, se ha determinado a través de estudios críticos de los manuscritos más antiguos, que ninguna de ellas estuvo escrita por el apóstol Al parecer el mismo daba las ideas directrices a un escriba el que establecía una estructura de relato y lo desarrollaba. En la sociedad de la época, la transición entre la antigüedad y la Edad Media, eran pocos quienes conocían la lecto escritura, de modo que el contenido de los textos circulaba entre las gentes en forma de tradición oral. Es el propio McLuhan quien cita dos hechos: el primero se refiere a lo que sería un cuarto de lectura en la Edad Media: los monjes volcados sobre sus manuscritos murmurando en un alto susurro, como el vuelo de un enjambre, las palabras que iban leyendo. Es decir que la lectura silenciosa, concentrada era una rareza. También el autor sureño cita un párrafo de Agustín de Hipona referido a Ambrosio de Milán
Cuando leía sus ojos se desplazaban sobre las páginas y su corazón buscaba el sentido, pero su voz y su lengua no se movían” Esta lectura silente era para la época una rareza. Sólo se generalizaría muchos siglos después. La invención de la imprenta y la exaltación del libro, es decir la Biblia en el occidente cristiano, generan la dictadura del libro. El ejemplo claro se puede apreciar en el relato del prendimiento de Atahualpa, el último Inca.
Teniendo en cuenta que los españoles si bien estaban fuertemente armados, tenían un ejército mucho más reducido que el de los aborígenes, recurren a un ardid. Un grupo armado se oculta en las cercanías, mientras Pizarro, el padre Valverde y una comitiva entrevistan a Atahualpa. El sacerdote ejecuta un Requerimiento (Ver apéndice). El mismo era un derivado de las Leyes de Burgos o Leyes de Indias. En el mismo se conminaba al Inca a aceptar la autoridad del Papa y el Rey y a convertirse al catolicismo que era  la religión verdadera. En caso de negativa, se lo consideraría desobediente y se libraría  no sólo la guerra sino la apropiación de bienes del rebelde.
A continuación, Valverde alcanza al Inca una Biblia, presumiblemente una de las ediciones salidas de las imprentas europeas. En este punto hay dos versiones: la oficial señala que el indio arroja al suelo el libro con un gesto airado, lo que promueve la intervención inmediata de los conquistadores. La versión tradicional que proviene de los pueblos originarios, que es citada entre otros por el antropólogo argentino Rodolfo Kusch, explica que el indio toma el libro, lo huele, lo hojea, se lo lleva a los oídos, lo acaricia y pasa su lengua por la cubierta. Es decir utiliza sus cinco sentidos en torno a esa realidad nueva que los españoles le alcanzaban.
Cuando el monarca termina su inspección, devuelve la Biblia a Valverde con una frase que en quichua podría traducirse como “no me dice nada” y a continuación conmina a los españoles a retirarse de su territorio y los acusa de ladrones. Ante este gesto, los soldados emboscados se abalanzan sobre Atahualpa y lo hacen prisionero. La cantidad de nobles incas presentes procura defenderlo, por lo que se mata a muchos y Pizarro mismo es el que protege la vida del Inca. El interés del conquistador estaba en el oro del Cuzco, que es el centro de la negociación posterior que mantienen con Atahualpa. El mismo brinda a los españoles varias habitaciones colmadas de metales preciosos  a cambio de su libertad, y cuando ellos se hacen con la riqueza, acusan al Inca de traición y lo ejecutan.
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Cabe señalar que el Inca no era un santo. En el momento en que llegan los españoles estaba en plena guerra dinástica con su hermano Huáscar. No era la primera vez que esto ocurría. Los incas detentaban un poder despótico sobre los pueblos que los rodeaban y se habían ocupado de alterar sus crónicas para darse más antigüedad, como lo testimonia Dick Edgar Ibarra Grasso en “La verdadera historia de los Incas”. Sin embargo, su actitud hacia el libro que le alcanzan, revela la profunda diferencia cultural: el monarca pertenecía a una cultura capaz de leer en forma simultánea los mensajes que brindaba el mundo. Había una fusión con la naturaleza, de tal modo que no era posible diferenciar de la misma el mundo de la cultura. A pesar de las apetencias de poder y el despotismo de su civilización, se conservaba esa actitud que no era la misma que la de los españoles.
Volviendo a McLuhan, el autor que profetiza en los setenta  la llegada de Internet, asegura que el avance de la tecnología traería aparejado el regreso de esta percepción caleidoscópica en la cual el ser humano se vería sumergido en el mundo pudiendo percibir muchos estímulos a la vez. De hecho esto no fue así, en especial por la separación que plantea la tecnología de nuestro entorno natural. Nuestros contactos con el mar, con la tierra, con el aire y el cielo provienen de youtube. Hay una tendencia decreciente a elegir para unas vacaciones por ejemplo, en lugares alejados de las redes sociales. Nadie se plantea retomar el vínculo exclusivo con lo natural, produciendo un apagón del wifi y del móvil.
Por otro lado es real el vínculo que hace el autor sureño entre la lectura y el pensamiento rígido. Es de destacar que todo movimiento que se inicia, en lo político, artístico o cultural, aún cuando se oponga a formas anquilosadas, termina cayendo  en posturas dogmáticas. Esto surge por la preeminencia de la lectura como medio de apropiación del pensamiento.
Tengo la certeza de que todo lo que se manifiesta plantea un doble sentido, luminoso o tenebroso, a favor o en contra del desarrollo de la vida. Lo mismo ocurre con la lectura. De allí que no esté en contra de esta, sino que hasta ahora he señalado algunos de sus aspectos tenebrosos. Es evidente que el sentido positivo de la misma deriva de la apropiación inmediata que hacemos del mundo de la cultura. Los libros son instrumentos que nos permiten ampliar nuestro enfoque del universo. Permiten acceder a gran parte de la cultura con un mínimo esfuerzo: cultivar el hábito  de la lectura. Dentro de la cultura, hay aspectos que son inaccesibles si no es a través de libros. Por ejemplo, y aquí entramos de lleno en el universo del poeta, quien desee escribir versos debe leer. No hay otra forma de profundizar su arte, de encontrar la voz profunda que debe expresarse, asomarse salir al mundo.
A su vez, para evitar la tendencia a la rigidez que acompaña la lectura, el poeta debe estar en permanente contacto con la naturaleza y con la gente; debe acceder a todas las formas que la cultura utiliza y tomar de cada una de ellas lo que necesite para su arte. La lectura es necesaria, pero   ejercitarla con exclusión de otras formas de acceso a la cultura,  no garantiza  el desarrollo de toda la capacidad poética, comparable “al dios que procura emerger de tu pecho”.
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APÉNDICE
Texto del Requerimiento que los conquistadores formulaban a los pueblos sometidos.
De parte del muy alto y muy poderoso y muy católico defensor de la iglesia, siempre vencedor y nunca vencido el gran Rey don Fernando V de España de las dos Sicilias, de Jerusalén, de las Islas y tierras firmes del Mar Océano, etc. Tomador de las gentes bárbaras, de la muy alta y poderosa Sra. la Reina Doña Juana, su muy cálida y amada hija, nuestros Señores, yo Dávila su criado, mensajero y capitán, los notifico y les hago saber como mejor puedo: Que Dios nuestro señor único y eterno, creó el cielo y la tierra, un hombre y una mujer de quienes nosotros y vosotros fueron y son descendientes y procreados y todos los de después de nosotros vinieron, mas la muchedumbre de la generación y de esto ha sucedido de cinco mil y mas años que el mundo fue creado, fue necesario que unos hombres fuesen de una parte y otros fuesen por otra y se dividiesen por muchos reinos y provincias de que una sola no se podrían sostener ni conservar. De todas estas gentes nuestro Señor dio cargo a uno que fue llamado San Pedro, para que de todos los hombres del mundo fuese señor y superior, a quien todos obedeciesen y fuese cabeza de todo lo humano, donde quiera que los hombres estuviesen y viviesen en cualquier ley, secta o creencia, pidiéndole a todo el mundo por su reino, señorío y jurisdicción, y como quiera que le mando propusiese su silla en Roma como el lugar mas aparejado para regir el mundo, también le permitió que pudiese estar y poner su silla en cualquier otra parte del mundo, y juzgar, y gobernar a toda la gente, cristianos, moros, judíos, gentiles y de cualquier otra secta o creencia, a este llamaron Papa, que significa admirable, mayor, padre y guardadorA este San Pedro obedecieron y tomaron por señor, Rey y superior del universo, los que en aquel tiempo vivían y asimismo han tenido todos los otros que después de él fueran al pontificado elegido y así se ha continuado hasta ahora y así se continuará hasta que el mundo se acabeUno de los pontífices pasados que en lugar de este mundo, hizo donación de estas Islas y tierras firmes del Mar Océano, a los ricos Rey y Reinas y a los sucesores en estos reinos, con todo lo que en ellas hay según se contienen en ciertas escrituras que sobre ellos basaron, así que sus Altezas son Reyes y Sres. de estas Islas y tierras firmes, por virtud de dicha donación y como a tales Reyes y Sres. algunas Islas más y casi todas a quienes esto ha sido modificado has recibido a sus altezas y les han obedecido y servido y sirven como súbditos lo deben hacer, con buena voluntad y sin ninguna resistencia, luego de su inclinación como fueron informado de lo susodicho, obedecieron y recibieron a los valores religiosos que sus Altezas profesaban para que les predicasen y enseñasen la Santa fe, y todos ellos de su humilde y agradable voluntad sin apremio ni condición alguna se hicieron cristianos y lo son, sus Altezas los recibieron alegres y así los mandó tratar como a los otros súbditos y vasallos, los otros son pedidos y obligados a hacer lo contrario. Por ende, como mejor puedo os ruego y requiero que entendáis bien lo que he dicho, y toméis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo y reconoscais a la Iglesia por Señora y Superiora del universo mundo y al sumo pontífice llamado Papa en su nombre y al Rey y la Reina nuestros señores en su lugar como Superiores y Señores y Reyes de esta isla y tierra firme por virtud de la dicha donación y consentíais en ese lugar a que estos padres religiosos o declaren los susodichos.
Si así lo hicieres te ha de ir bien y aquello a que estas obligado, y sus altezas en su nombre los recibirán con todo amor y caridad, los dejarán vuestras mujeres hijos y haciendas libres, sin servidumbre, para que de ellas y nosotros hagáis libremente lo que quisieres y por bien tuvieres y no os compelerán a que tornéis cristianos, salvo si vosotros informados de la verdad quisieres convertir a la religión católica como lo han hecho casi todos los vecinos de estas islas y además de esto su Alteza dará muchos privilegios y exenciones que gozarán muchas veces.
Si no lo hicieres o en ello dilación maliciosamente pusieres, os certifico que con la ayuda de Dios entraré poderosamente contra vosotros y os haré guerra por todas las partes y maneras que tuviere y sujetaré al yugo y obediencias de la iglesia y de sus Altezas y tomaré vuestras personas y las de vuestras mujeres e hijos y los haré esclavos y como tales los venderé y dispondré de ellos como su Alteza mandare, y os tomaré vuestros bienes, y os haré todos los males y daños que pudiere como a vasallos que no obedecen y que no quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen y protesto de los muertes y daños que de ellos se registraren serán a culpa vuestra y no de sus Altezas ni mía, ni de estos caballeros que conmigo vinieron y de como lo digo, requiero, pido al presente Escribano que me lo de como testimonio firmado y a los presentes ruego que de ello sean testigo.

 

GOCHO VERSOLARI

 

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